Federación Mexicana de Patología Clínica, A.C.


 


Nadima Simón Domínguez
Profesora emérita de la UNAM

Antes de relatar la vida del Dr. Jesús Ignacio Simón Domínguez, es preciso advertir que como su hermana, es demasiado el cariño que siento por él, demasiada mi admiración a su vida misma, a lo que ella representa de esfuerzo, fortaleza y ejemplo; a su vida plenamente lograda, mezcla de noble ambición y desinterés; a su entrega cabal y generosa como médico, profesional, maestro y hermano; a la noble sencillez con que supo ascender por todos los peldaños de la vida sin perder nunca sus dones de modestia, comprensión, alegría, generosidad y cordialidad humana.

Como su hermana, trazar el perfil de un hombre excepcional no es fácil, más aún cuando ha desempeñado diversas actividades en una sorprendente unidad de vida: el del médico enamorado de su profesión en carne, hueso y espíritu; el del patólogo que dirige un laboratorio y lo transforma para dar un servicio de calidad en beneficio de médicos y pacientes; el del educador que trasciende en la formación universitaria de múltiples generaciones de patólogos que luego han de llevar sus enseñanzas a todo el país; el del líder que encabeza un proyecto para que los laboratorios clínicos del país adquieran las capacidades que requiere un servicio de calidad y excelencia; el del hombre que amó intensamente su profesión y nunca la abandonó, para quien el trabajo no fue una obligación sino un placer y por eso la vida le rindió tanto y le conservó la juventud de espíritu; el de quien logró una conjunción espléndida del profesional excelente con una vida de familia, de generosidad y de bondad.

Han pasado varios días desde el 2 de septiembre de 2025, fecha en la que exhaló su último suspiro mi querido hermano Jesús Ignacio, a quien llamamos siempre con cariño Chucho. Pasaron 72 años desde aquel lunes 18 de mayo de 1953, día que Chucho vio la primera luz en la blanca ciudad de Mérida, Yucatán. Chucho fue el octavo de una familia de once hijos formada por el matrimonio de Manuel Simón Sáfar y María del Socorro Domínguez Sosa. Mi padre Don Manuel fue el primogénito de nuestros abuelos Juan Simón Sáfar y Habsa Sáfar Loes, quienes llegaron a Yucatán como parte de la inmigración sirio-libanesa en los primeros albores del siglo XX.

Se instalaron en el poblado de Umán, donde crecieron sus diez hijos; años después se trasladaron a la ciudad de Mérida. El joven Manuel contrajo matrimonio con una joven yucateca María del Socorro Domínguez Sosa a quien conoció durante sus estudios de preparatoria en la entonces Universidad del Sureste, ahora Universidad Autónoma de Yucatán. Las mejores cualidades de ambas razas se fundieron para dar forma y espíritu a sus once hijos, siendo Chucho el quinto de los varones, quien siempre presumía que los nombres de los siete hermanos varones empiezan con J: Juan Manuel, Jorge Carlos, José Luis, Javier Antonio, Jesús Ignacio, Jaime Alberto y Joaquín Enrique.

Nuestros padres formaron una gran familia con los más altos valores de las culturas sirio-libanesa y yucateca. Nos educaron en un ambiente de libertad sin imposiciones, cada quien sabía cuándo y cómo debíamos cumplir con las obligaciones escolares y las tareas que nuestra madre Doña Soco nos asignaba en la casa, sin hacer distinciones de género. En mi caso, siendo la hija mayor, nunca me hizo sentir la responsabilidad de las tareas domésticas y del cuidado de mis hermanas y hermanos; no obstante, desde que tuve uso de razón vi a mis “hermanitos varones” como si fueran mis niños preciados. Así, desde que nació surgió un especial lazo de enorme cariño entre Chucho y yo, siempre sentí su mano fuerte para apoyarme, su consejo sabio como médico y como hermano.

 

Familia Simón Domínguez: nuestros padres Manuel Simón Sáfar y María del Socorro Domínguez Sosa. Hijos: Juan Manuel, Nadima, Ligia del Carmen, Jorge Carlos, Teresita del Socorro, José Luis, Javier Antonio, Jesús Ignacio (primero a la izquierda de pie), Jaime Alberto, Joaquín Enrique y Ana Leticia.

 

Recuerdo que cuando yo estaba en tercer año de secundaria, lo llevaba al kínder del Colegio América de las Madres Teresianas; aun cuando era un colegio de niñas, el kínder era mixto. Chucho, a diferencia de sus hermanos, siempre fue un niño tranquilo, apacible, callado, mostrando desde sus primeros años lo que señaló Aristóteles, “el sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”. La paz y felicidad que reflejaba su semblante hizo que se ganara la amistad de sus compañeros de escuela, los cuales regularmente eran invitados por nuestros padres para que fueran a jugar a la casa y a compartir nuestra mesa, inculcando a toda la familia un gran sentido de hospitalidad y generosidad, el cual acompañó a Chucho durante toda su vida. Además, Don Manuel y Doña Soco nos educaron con su ejemplo para que fuéramos independientes y solidarios, para que pudiéramos escoger nuestro destino en completa libertad, a escoger nuestra profesión y nuestras parejas, siempre respetando nuestra decisión. Juntos construyeron los cimientos de una familia donde el amor, el respeto, la generosidad y la ayuda mutua han perdurado a través de los años.

 

 

Desde pequeño, Chucho se caracterizó por su sentido del humor. Decía “que después de varias pruebas, nació él y mi mamá rompió el molde”. También presumía que “mi papá era matemático”, pues tres de sus hijos de diferente edad nacimos el tres de agosto: Juan Manuel, Javier Antonio y yo. Ya siendo un joven, se quejaba con mucha gracia porque mi madre le decía: “Chucho, cómo es posible, tus cuatro hermanos mayores han usado estos pantalones y tenías que ser tú el que los traigas con agujeros”.

 

Formación académica

Estudió la primaria en la Escuela Hidalgo de Mérida, de 1959 a 1964. De los siete a los nueve años fue acólito en la iglesia de Santa Ana, donde hizo su primera comunión. Después estudió durante los años de 1965 a 1967 en la Escuela Secundaria Federal No. 1 en Mérida, la cual fue inaugurada por el presidente Lázaro Cárdenas en 1939. Ya siendo médico, siempre recordaba con gratitud y orgullo a las y los excelentes profesores que le dieron clase en esta Secundaria y que lo motivaron a interesarse por las matemáticas y las ciencias biológicas, así como a jugar ajedrez, convirtiéndose en 1968 en campeón estatal ganando como premio un viaje a la Ciudad de México.

De 1968 a 1970, Jesús Simón estudió en la Escuela Preparatoria 1 de la Universidad Autónoma de Yucatán; dado que no definía bien la carrera que pensaba estudiar, decidió inscribirse en el área de matemáticas; como resultado de una discusión con uno de sus compañeros sobre la dificultad de las asignaturas de las áreas matemáticas y biológicas, decidió demostrarle que podía obtener también el certificado de biológicas, para lo cual presentó los exámenes a título de suficiencia en seis semanas y así terminó la preparatoria con certificados en ambas áreas.

Una situación trágica en nuestra familia contribuyó a definir la vocación del futuro Dr. Jesús Simón: en diciembre de 1969, nuestro padre fue diagnosticado con cáncer terminal de pulmón, el cual le provocó la muerte en mayo de 1970. Durante los últimos meses de vida de Don Manuel, Chucho no se separó de él, lo cuidó con esmero y paciencia, lo mecía lentamente en su hamaca para adormecerlo y evitar que se acercaran los moscos. Al verlo, supe que su vocación era el cuidado de la salud de las personas, que poseía las cualidades para ser un excelente médico.

Cabe señalar que, en enero de 1961, las Madres Teresianas me dieron una beca para trasladarme a la Ciudad de México para estudiar la carrera de Contador Público que no existía en ese entonces en el estado de Yucatán. Tuve el privilegio de ser admitida en la entonces Escuela Nacional de Comercio y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Al morir mi padre, yo ya estaba trabajando en mi profesión y tres de mis hermanos ya estaban estudiando sus carreras en la Ciudad de México; entonces mi madre decidió trasladarse a esta ciudad con el resto de los hermanos; es así como Chucho se decide a hacer el examen de admisión a la Facultad de Medicina de la UNAM, siendo aceptado en el año de 1971; más tarde comentaría con honestidad que pudo entrar porque ese año no hubo rechazados, siendo su generación una de las que tuvieron mayor número de alumnos con 2,500.

Quiero mencionar que Chucho fue un gran apoyo para mí durante su estancia en la Facultad de Medicina y después como médico. Me casé en 1972 y para 1974 ya tenía dos hijos. Cada vez que mis hijos lloraban o se enfermaban, le hablaba a cada rato para que los revisara, siempre lo hizo con toda la paciencia del mundo, hasta que un día se enojó porque le hablé en la madrugada porque mi bebé “no lloraba”. Fue una de las pocas veces que lo escuché enojado, no se alteró ni me regañó y con voz pausada me pidió que me calmara y que dejara dormir al bebé y de paso a él. Desde entonces me percaté que Jesús Simón, además de ser un buen hermano, tenía las cualidades personales y profesionales para ser un buen médico. Toda mi vida me sentí querida, comprendida y protegida por él, tanto como hermana, como esposa y madre, como maestra e investigadora, siempre tuve el consejo sabio, la palabra cariñosa, el apoyo sin límites.

Sus principales intereses fueron: la natación, el buceo, la historia y en particular la de su estado natal Yucatán, la música clásica, leer novelitas de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía, caminar, contar chistes y recitar poemas de Felipe Salazar “el Pichorras” quien fuera humorista pícaro yucateco del siglo XX.

Siempre dijo que su mayor frustración fue no haber aprendido a tocar el piano, me tuvo celos porque mi mamá me envió a clases de piano y a él no; incluso compró un piano de cola para que lo tocara cuando iba a su casa; compartimos siempre el gusto por la música clásica, muy a menudo acudíamos a escuchar los conciertos de la Orquesta Sinfónica de la UNAM. Otra frustración importante fue no haber podido realizar una estancia de investigación en el Departamento de Medicina Experimental del Collège de France con el Dr. Jean Dausset, a quien Jesús Simón había manifestado interés en trabajar con él en algunas de sus investigaciones en Inmunología y los HLA. Al serle otorgado al Dr. Dausset en 1980 el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, se hizo imposible realizar tan anhelada estancia, debido a los múltiples compromisos que conlleva tan importante Premio.

 

Chucho conmigo y mi hijo Eduardo.

 

En 1976 se fue a la ciudad de Campeche, donde realizó el internado de “pregrado” en el Hospital Civil de la Secretaría de Salud. Después, en 1977 solicitó hacer el servicio social en Izamal, Yucatán, porque sabía que sería bien acogido por la tía Marina, hermana de mi papá, que vivía ahí con su familia; fue asignado a una clínica del recién inaugurado IMSS-COPLAMAR (Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Pueblos Marginados), durante el gobierno del presidente José López Portillo. Con su honestidad característica refería que fue hasta que realizó el internado y el servicio social, se dio cuenta de todo lo que le faltaba aprender. Con su primer pago de tres meses acumulados y otro tanto que les ganó jugando a las cartas a otros compañeros médicos; voló a la ciudad de México para comprar los libros que nunca tuvo en su formación escolar y se dedicó a estudiar aquello que no había aprendido durante la carrera y que necesitaba saber para atender a las personas que solicitaban atención médica de diversas especialidades, principalmente medicina general y ginecología. A partir de entonces, la vida del Dr. Simón se caracterizó por un aprendizaje continuo, por una vocación científica y docente, que lo llevó a buscar respuestas a los problemas que su mente inquisitiva descubría, en beneficio de la ciencia médica y de la población mexicana.

Realizó la residencia médica en 1978, último año que aceptaron “rotatorios” en el Centro Médico Nacional del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en la ciudad de México. Para el Dr. Jesús Simón, este año fue el más agobiante desde que inició sus estudios de Medicina, pues no le quedaba tiempo disponible para sus actividades personales y familiares.

En el año de 1979, toma la decisión más importante para su futuro profesional como médico: estudiar la especialidad de Patología Clínica en el Centro Médico Nacional del IMSS, la cual no era muy solicitada en esa época y que era impartida por la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM con duración de tres años, durante los cuales recibió una sólida preparación que fue fundamental para su liderazgo y desempeño profesional. Distinguiéndose por haber sido Jefe de Residentes y por registrar formalmente el plan de estudios de la especialidad ante el IMSS.

Durante este tiempo conoció a la QFB. Angélica Castro Cruz, con quien formaría una hermosa familia que se vio bendecida por el nacimiento de sus queridas hijas Angélica y Ligia Sofía y de su preciosa nieta Ana Sofía.

Desde que terminó la especialidad y hasta el año de 2024, obtuvo y mantuvo su Certificación del Consejo Mexicano de Patología Clínica y Medicina de Laboratorio, caracterizándose por ser uno de los patólogos clínicos más exitosos de México.

 

Jesús Simón, Ligia Sofía Simón Castro, Angélica Simón Castro con Ana Sofía Caire Simón en brazos y Angélica Castro Cruz.

 

Actividad Profesional

La actividad profesional del Dr. Jesús Simón se inició en 1982 como médico adscrito al Laboratorio Clínico del Hospital de Pediatría del Centro Médico Nacional del IMSS, en el cual se distinguió por desarrollar el laboratorio de coagulación especial ante la grande y creciente población de niños con enfermedades hematológicas y trastornos de coagulación, que asistían de todas las entidades federativas de la República Mexicana.

El 1º de septiembre de 1985 fue contratado como jefe del Laboratorio Clínico y Banco de Sangre del Hospital Humana del Pedregal. Durante el temblor del 19 de septiembre de 1985, el Dr. Simón trabajó arduamente para conseguir donadores de sangre y contribuir a satisfacer las enormes necesidades de atención ante la pérdida de muchos hospitales que colapsaron por el sismo, incluido el Hospital de Pediatría del IMSS que para desgracia de México y para bien de su vida y su carrera profesional acababa de dejar dos semanas antes. Cabe mencionar que en diciembre del mismo año realizó la primera prueba de HIV en México; otro logro importante de la gestión del Dr. Simón fue la iniciación de la cátedra de la Especialidad en Patología Clínica, en el Hospital Humana del Pedregal, gracias a un donativo que consiguió de manera personal de Abbott Laboratories.

Al convertirse el Hospital Humana en Hospital Ángeles del Pedregal en el año de 1987, el Dr. Simón fue ratificado como jefe del Laboratorio Clínico y Banco de Sangre, puesto que desempeñó hasta 1995. Destacándose por realizar en 1991 la primera prueba de HCV en México de Abbott Laboratories. Su exitosa gestión le valió el reconocimiento de la alta dirección y de sus colegas médicos; quienes lo consideraban “el mejor Patólogo Clínico de México”, comentarios que yo escuchaba con orgullo durante mis visitas médicas a este hospital. Por la relevancia de su trabajo profesional fue invitado en 1993 para ser miembro fundador de la Asociación de Médicos Mexicano-Libaneses "Al Hakim".

El último día de sus labores en el Hospital Ángeles, llegó una paciente solicitando atención para su hijo de meses, a quien habían “picado” siete veces sin obtener la muestra de sangre. El Dr. Simón, estrechó en brazos al pequeño, le quitó el llanto, lo durmió y tomó la muestra, con el consiguiente agradecimiento de la madre, quien manifestó que sólo llevaría a su hijo al laboratorio donde estuviera el Dr. Jesús Simón.

En el año de 1995, The American Brithis Cowdray Medical Center (Centro Médico ABC) lo contrató como jefe de la División de Laboratorios: conformada por los departamentos de Anatomía patológica, Banco de Sangre y Laboratorio clínico. A partir del año 2003 tenía bajo su responsabilidad: Anatomía Patológica, Banco de Cordón y de Sangre, Farmacia, Unidad de Vigilancia Epidemiológica, la Dirección de Calidad en las dos unidades del Centro Médico ABC ubicadas en Observatorio y Santa Fe, puesto que desempeñó hasta 2012.

Ante la imposibilidad de señalar todas las actividades que desarrolló el Dr. Simón durante su exitosa gestión profesional de más de 35 años, me limito a señalar las más relevantes:

  • Fue miembro de diversos “comités” hospitalarios; entre los que destacan los de Honor y Justicia, del Expediente Médico, de Calidad, de Farmacia, Ejecutivo Médico, de Infecciones, de Medicina Transfusional y de Trasplantes.
  • Crea y desarrolla el laboratorio de Coagulación Especial del Hospital de Pediatría del Centro Médico Nacional, con recursos limitados, pero con mucha inventiva.
  • Responsable Sanitario ante la COFEPRIS, de los Bancos de Sangre de los Hospitales Humana, Ángeles del Pedregal y Centro Médico ABC, desde 1985 a 2012.
  • Desde 1987 y hasta 2023, fue profesor titular de la Especialidad de Patología Clínica de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM.
  • En 1998 fue miembro fundador de la Asociación Mexicana de Medicina Transfusional (AMMTAC).
  • De 2001 a 2003 fue miembro del Consejo del Centro Nacional de Transfusión Sanguínea de la Secretaría de Salud del Gobierno Federal.
  • En 2003 implementó el Expediente Médico Electrónico y el Sistema de la Farmacia Hospitalaria.
  • De 2003 a 2005 fue miembro del Comité Institucional de Investigación del Centro Médico ABC.
  • Se desempeñó como Gestor de la Calidad Institucional de 2003 a 2012.
  • De 2007 a 2015 fue coordinador titular del Comité Académico de la Especialidad de Patología Clínica de la División de Estudios de Posgrado, Facultad de Medicina, UNAM. Incrementando a 21 el número de sedes.

A continuación, reseño otros logros importantes del Dr. Simón durante su gestión en el Centro Médico ABC, la cual mereció elogios de sus directivos refiriéndose a él como: “Inteligente médico yucateco, lo difícil, lo hace fácil”:

  • Certificación de la División de Laboratorios, por la norma internacional.
  • ISO 9001-1997 desde 1998 hasta 2012.
  • Acreditación del Banco de Sangre, Laboratorio Clínico y Anatomía Patológica por el Colegio Americano de Patólogos del 2001-2012.
  • Acreditación ante la COFEPRIS de la Unidad de Trasplantes (2003-2004).
  • Acreditación por la Joint Commission International (JCI) de las dos unidades Hospitalarias: Observatorio y Santa Fe, del 2004-2012.
  • Acreditación del Consejo de Salubridad General del 2006-2012 de las dos unidades Observatorio y Santa Fe.
  • Premio Nacional de Calidad en Salud al Centro Médico ABC, 2010.
  • Premio Iberoamericano de Calidad en Salud (Plata) al Centro Médico ABC, 2011 otorgado por el gobierno de España.

También comento a continuación algunas actividades colegiadas a lo largo de su trayectoria:

  • Miembro de la Asociación Mexicana de Patología Clínica, desde 1983. de la cual fue electo secretario de 1998-2001; cabe destacar que con humildad declinó ser nombrado presidente de esta Asociación, porque sentía que alguien podía aportar más que él.
  • Miembro fundador, por invitación de la Asociación de Médicos Mexicano-Libaneses "Al Hakim, desde 1993.
  • Consejero representante del Consejo Mexicano de Patología Clínica y Medicina del Laboratorio desde 2004.
  • Fue nombrado vicepresidente del Consejo Mexicano de Patología Clínica y Medicina del Laboratorio 2008-2011.
  • Presidente del Consejo Mexicano de Patología Clínica y Medicina del Laboratorio de 2012-2015.
  • Presidente del Comité Académico del XLIV Congreso Mexicano de Patología Clínica en 2014.
  • Nombramiento como consejero Emérito del Consejo Mexicano de Patología Clínica y Medicina de Laboratorio, 2016.
  • Miembro honorario de la Sociedad Oaxaqueña de Patología Clínica.
  • El escritor y miembro de la Academia Nacional de la Lengua Mexicana Don Víctor Hugo Rascón Banda, le dedicó un capítulo de agradecimiento en su libro “Porqué a mí”, en virtud de que formó parte del grupo de médicos que lo trató durante su enfermedad.

 

Actividades Académicas

A continuación, señalo las principales actividades académicas del Dr. Simón:

  • Conferencista en Congresos Nacionales e Internacionales, en Sociedades y Asociaciones Médicas y en Instituciones Públicas y Privadas del sector Salud.
  • Realizó más de 30 publicaciones de artículos en revistas nacionales e internacionales. Y eso que decía que “no sabía escribir.”
  • Fue director de más de 40 tesis de licenciatura y posgrado.

Cabe señalar que todos los logros que obtuvo el Dr. Jesús Simón como Jefe de Laboratorios y Bancos de Sangre fueron posibles, gracias a su liderazgo y enorme capacidad de formación de equipos de trabajo conformados por personal médico especializados en patología y análisis clínicos, así como de personal administrativo encabezado por la Lic. Leticia Jasso Vilche. Él supo ganarse de todas y todos un gran respeto y apoyo incondicional, no sólo durante el tiempo que fue su jefe, sino en las diversas actividades que realizó el Dr. Simón durante su carrera profesional. Les daba con presteza y alegría, lo mismo su consejo que su ayuda o su apoyo moral y sabían muy bien que el soporte era firme, sin vacilaciones, siempre con una sonrisa cordial; además, les daba su confianza sustentada siempre con su ejemplo de trabajo diario, de esfuerzo renovado e ímpetu de superación.

Como ejemplo de la trascendencia formativa del Dr. Simón, puedo señalar al Dr. Miguel Ángel Reyes Núñez, su primer médico residente en el Centro Médico ABC y quien fue Presidente de la Federación Mexicana de Patología Clínica en el bienio 2020-2021, quien siempre le demostró profundo respeto, admiración y amistad, además de brindarle siempre su apoyo y colaboración desinteresada en diversas actividades profesionales y académicas.

El año 2009 marcó un hito en la vida del Dr. Simón, pues sufrió un infarto al miocardio, del cual pudo recuperarse milagrosamente, pero que le hizo reflexionar sobre la necesidad de tomarse un descanso para cuidar su salud, por lo cual deja su labor en el Hospital ABC a pesar de tener varios proyectos en puerta. En el año 2014 retoma su actividad profesional y funda la empresa Consultoría Integral en Servicios de Salud, de la cual fue su director hasta su fallecimiento, dedicándose a dar asesorías a organizaciones públicas y privadas, para difundir los conocimientos de su vasta experiencia en el área hospitalaria. En la última etapa de su vida, Jesús Simón sufrió diversos padecimientos que mermaron su salud, pero no su espíritu de lucha y alegría de vivir, demostrando siempre gran ecuanimidad, equilibrio y resiliencia ante la adversidad.

De 2016 a 2025 se desempeñó como director del Programa Integral de Ensayos de Aptitud (PIENSA) de la Federación Mexicana de Patología Clínica (FEMPAC); asimismo desarrolló el sistema con los algoritmos y programas estadísticos que se requerían para el funcionamiento de este Programa.

Durante la pandemia del COVID 19, preocupado por la insuficiencia de datos confiables sobre su impacto en la salud de las personas en el nivel mundial, desarrolló un modelo matemático para calcular la letalidad del coronavirus SARS-COV-2.

Me invitó como su coautora para escribir un artículo sobre algunos resultados de la aplicación de este modelo, poniéndolo a disposición de manera gratuita en la página web de PIENSA para que pudiera ser utilizado por todas las personas interesadas, registrando numerosas consultas a nivel mundial.

El Dr. Simón sufrió el fallecimiento de su esposa Angélica durante la pandemia del COVID 19 y después su salud se deterioró significativamente, lo cual no fue obstáculo para que siguiera trabajando. Los últimos años de su vida, los pasó en su casa del centro de Tlalpan en la Ciudad de México, acompañado de su fiel mascota Alux, quien en una ocasión le salvó la vida ladrando estrepitosamente hasta que llegaron los servicios médicos de emergencia para llevarlo al hospital.

 

Dr. Jesús Simón con Alux.

 

La humanidad vive una de las mayores crisis de la historia, nadie escapa a ella, menos que nadie los médicos y el personal de salud. Como dijo el Dr. Ignacio Chávez, “a las preguntas de la angustia no es fácil ofrecer respuestas, pero cualesquiera que sean las dudas y las inquietudes, siempre habrá un camino para ir en busca de la verdad con entera libertad; cuando se alcanza el saber y la cultura, la pasión de la libertad y el amor de los hombres, se tiene la estrella de Belén frente a los ojos”. Estoy segura que Jesús Simón nunca la perdió de vista, que esta estrella lo guió en el camino de la vida poniendo su saber al servicio de la humanidad en una entrega generosa y que lo seguirá guiando con su sendero de luz hacia la gloria eterna.

ISSN 0185-6014

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Nadima Simón Domínguez
Profesora emérita de la UNAM

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